
El absentismo laboral es, sin duda, uno de los grandes desafíos actuales en la gestión de equipos, especialmente en sectores operativos como el hotelero. Sin embargo, tratar todo el absentismo como un fenómeno homogéneo es un error.
Existe un absentismo inevitable, derivado de situaciones personales o de salud, que requiere una gestión responsable, empática y alineada con el bienestar de las personas.
Pero también existe otro tipo de absentismo, menos visible y más complejo de abordar: aquel vinculado a la falta de implicación, al desapego y a una actitud que impacta directamente en el rendimiento colectivo.
Este tipo de absentismo no solo genera un coste económico significativo, sino que tiene un efecto aún más crítico: el desgaste de los equipos.
Cuando una parte del equipo no responde, son otros quienes asumen la carga.
Y con ello aparecen la desmotivación, la frustración y, en muchos casos, la pérdida de compromiso.
Por eso, el verdadero reto para las empresas no es únicamente controlar el absentismo, sino entenderlo. Y, sobre todo, diferenciarlo.
En este contexto, el papel del liderazgo es clave. Más allá de la gestión operativa, los líderes deben centrarse en construir entornos donde las personas quieran involucrarse.
Esto implica trabajar en la motivación, el reconocimiento, la comunicación y el desarrollo profesional. Pero también implica tomar decisiones.
No todas las personas están en el mismo momento ni comparten el mismo nivel de compromiso. Y no todas las situaciones deben tratarse igual.
Aquí es donde cobra especial relevancia la diferencia entre dos conceptos que, a menudo, se confunden: el buenismo y el humanismo.
El buenismo tiende a justificar y a evitar el conflicto.
El humanismo, en cambio, implica comprender a las personas, pero también actuar con responsabilidad hacia el conjunto.
Porque gestionar personas no es solo acompañar. Es también proteger el equilibrio del equipo y garantizar la sostenibilidad del proyecto.
En COR, entendemos que la calidad del servicio comienza por los valores de los equipos humanos.
Y eso implica, necesariamente, una gestión consciente, exigente y humana.

